¿CUÁL ES LA EXPLICACIÓN DEL VERDADERO ORIGEN DE LA VIDA?

¿CUÁL ES LA EXPLICACIÓN DEL VERDADERO ORIGEN DE LA VIDA?

POR WILLAM LANE CRAIG

La «puesta a punto» del universo provee ciertos prerrequisitos para la existencia de vida en cualquier parte del cosmos, pero no garantiza que la vida en realidad surja en el universo. En otras palabras, si bien estas condiciones propicias eran necesarias para la vida, no eran suficientes para la vida. Por lo tanto, podemos preguntamos ¿qué más se necesita? ¿Cómo explicar el verdadero origen de la vida?

A la mayoría posiblemente se nos enseñó en la escuela que la vida se originó en un «caldo primitivo» por reacciones químicas aleatorias. En la década de los cincuenta, Stanley Miller fue capaz de sintetizar aminoácidos al hacer pasar una corriente eléctrica por gas metano. Aunque los aminoácidos no son seres vivos, las proteínas están compuestas de aminoácidos, y las proteínas están presentes en todos los seres vivos, y entonces la esperanza era que, de alguna manera u otra, era posible explicar el origen de la vida.

A primera vista, dicho escenario para el origen de la vida parecería ser indefectiblemente improbable. Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe estimaron que la probabilidad para que entre diez y veinte aminoácidos requeridos se combinaran libremente (recordemos que en esta situación no hay selección natural y por lo tanto no se puede hablar de evolución química) para formar una enzima era una en casi 1020. Dado el tamaño de los océanos de la tierra y los billones de años disponibles, pensaban que dicha improbabilidad no era insalvable. Pero señalaban que hay dos mil enzimas hechas de aminoácidos, todas las cuales tendrían que haber sido producto de la casualidad, y la probabilidad para que eso ocurriera sería de uno en 104000, una probabilidad tan «increíblemente pequeña» que sería impensable «ni siquiera aunque todo el universo consistiera de un caldo orgánico». Y esto no es más que el principio. Todavía queda pendiente la formación de cadenas de ADN a partir de proteínas y de la compleja maquinaria presente en las células. Estos asuntos son demasiado complicados para poder cuantificarlos.

Por lo tanto, el escenario de un caldo primigenio nunca tuvo muchas posibilidades. Lo que la mayoría de la gente común y corriente no se da cuenta, sin embargo, es que todos estos escenarios antiguos del «origen químico de la vida» han sido descartados y abandonados. Este punto ha sido maravillosamente documentado en el libro The Mystery of Life’s Origin [El misterio del origen de la vida]. Los autores puntualizan que, probablemente, nunca existió una cosa así llamada caldo primigenio, porque los procesos naturales de destrucción y dilución hubieran evitado las reacciones químicas que supuestamente hubieran originado la vida. Además, originalmente se pensó que se contaba con billones de años para que la vida pudiera originarse por casualidad.

Sin embargo, hoy tenemos evidencia fósil de que la vida existía hace ya tres mil ochocientos millones de años. Esto significa que «la ventana de oportunidad» en que la vida debía originarse por casualidad estaría siendo progresivamente menor, quedando reducida a solo unos veinticinco millones de años, lo que es un margen de tiempo muy breve para estos escenarios de causalidad. Además, para los escenarios de origen químico de la vida es indispensable que la atmósfera terrestre, en sus orígenes, tuviera muy poco oxígeno; la evidencia, sin embargo, sugiere que la atmósfera originalmente era rica en oxígeno. Todavía más, no existía manera de preservar los productos de la evolución química para el supuesto segundo paso en el desarrollo. Los mismos procesos que los formaban servían para destruirlos. La Termodinámica también plantea un problema insuperable para dichos escenarios, porque no hay manera de controlar la energía bruta del ambiente, por ejemplo, la energía de los rayos o del Sol, para que puedan catalizar la evolución química.

Por estas razones, y más, todo el campo de los estudios del origen de la vida está en una encrucijada. Todas las viejas teorías no se sostienen en pie; no se avizora ninguna nueva teoría aceptable en el horizonte. El origen de la vida sobre la tierra parece ser algo inexplicable. Francis Crick ha reflexionado acerca de esto y ha dicho que «es casi como si fuera un milagro». Debido a estos problemas, algunos científicos están diciendo que, tal vez, la vida no se originó en la tierra, sino que fue originalmente transportada por meteoritos de algún otro planeta. Pero eso implica un salto de fe pura y lo único que hace es aplazar el problema. ¿Cómo se originó la vida en otro lugar? En vez de responder a la pregunta, hace que la pregunta carezca de respuesta.

A veces la gente dice que si el universo fuera infinito (o si hubiera muchos universos), entonces, a pesar de lo improbable que fuera la vida, se originaría en algún lugar por casualidad. En realidad, si el universo es infinito, la vida existiría por casualidad infinitamente muchas veces en todo el universo. Pero el problema con esta objeción es que multiplica los recursos probabilísticos sin justificación. Si pudiéramos hacer esto, podríamos explicar de la misma manera virtual cualquier hecho improbable, y con esto excluiríamos cualquier conducta racional. A pesar de lo improbable que algo pudiera ser, siempre podríamos encontrarle una explicación diciendo que en un universo infinito en algún lado podría suceder. Por ejemplo:

¿Pueden imaginarse el siguiente diálogo en una mesa de póquer en un salón de juegos en el oeste de Texas?

-Compadre ¡no estás jugando limpio! ¡Eres un tramposo! Cada vez que repartes ¡sacas cuatro ases!

-Pues mira, viejo, sé que puede parecerte sospechoso que cada vez que reparto me toquen cuatro ases, pero tienes que entender que en este universo infinito hay una cantidad infinita de partidas de póquer teniendo lugar como esta en otros lados. Así que es muy probable que en algunas de ellas, cada vez que reparto me toquen cuatro ases. Así que ¡cállate la boca de una vez y a ver si te dedicas a jugar a las cartas!

Ahora, si tú fueras el viejo, ¿serías tan tonto como para seguir jugando más partidas de póquer? Según este tipo de razonamiento, la paradoja es que nunca tendríamos prueba de que el universo es infinito, porque cualquier evidencia que así lo demuestre podría explicarse diciendo que es el resultado de la casualidad en un universo suficientemente grande (si bien todavía finito) para que la evidencia fuera solo resultado de la mera casualidad. Por lo tanto, la objeción, en última instancia, es insostenible y no puede afirmarse racionalmente.

Ahora bien, la Biblia no dice cómo se originó la vida. Solo dice: «Y dijo Dios: “¡Que haya vegetación sobre la tierra; que ésta produzca hierbas que den semilla, y árboles que den su fruto con semilla, todos según su especie!”. Y así sucedió.

… y dijo Dios: “¡Que rebosen de seres vivientes las aguas, y que vuelen las aves sobre la tierra a lo largo del firmamento!”» (Génesis 1:11,20). La Biblia no es un libro científico y no nos dice qué medios, si es que se valió de algunos, usó Dios para crear la vida, pero la evidencia científica, sin duda, concuerda con que (para usar las palabras de Francis Crack), el origen de la vida fue un milagro; es decir, un hecho generado de manera sobrenatural por Dios. La Biblia y la ciencia, evidentemente, no entran en conflicto a este respecto; de hecho, en todo caso, la evidencia científica es más clara que la Biblia en el sentido de que el origen de la vida se debió a un acto milagroso de Dios el Creador.

Publicado por Pastor Damián Ayala.


¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL UNIVERSO?

¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL UNIVERSO?

WILLAM LANE CRAIG

El punto diez, con respecto al contorno de la visión científica del mundo, plantea la cuestión de los orígenes del cosmos. Es la pregunta crucial de la creación: ¿cuál es el origen del universo? ¿Por qué existe? La Biblia comienza con las palabras: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra». Nos enseña así que el universo tuvo un principio.

La Biblia no dice que este principio haya sido reciente. Eso es una inferencia equivocada basada en la suma de las edades de diversas figuras del Antiguo Testamento. Pero las genealogías del Antiguo Testamento no pretenden registrar todas las generaciones y, en todo caso, dicho recuento solo nos llevaría a la creación de la vida sobre la Tierra (Génesis 1:2) y no al origen mismo del universo (Génesis 1:1). Desde la antigüedad hasta el siglo veinte, la doctrina bíblica de que el universo tiene un origen ha sido repudiada tanto por la filosofía griega como por el ateísmo moderno. A pesar de esto, la Iglesia se ha mantenido firme en su afirmación de la creación temporal del universo a partir de la nada.

Luego, en 1929, sucedió algo alarmante. Un científico, llamado Edwin Hubble, descubrió que la luz de las galaxias más alejadas parecían más rojas de que lo que era de esperar. La conclusión insólita a la que Hubble arribó fue que la luz es más roja porque el universo se está separando, está en expansión. Esto afecta, por lo tanto, la luz de las galaxias, ya que cada vez se alejan más de nosotros.

Pero esta es la parte interesante: Hubble no solo demostró que el universo se está expandiendo sino que se está expandiendo igual en todas las direcciones. Para hacemos una idea de esto, imaginemos un globo con botones pegados a su superficie. Al inflarlo, los botones se alejan entre sí cada vez más, aunque están bien adheridos en un lugar.

Estos botones se asemejan a las galaxias en el espacio. Como el espacio se está expandiendo, todas las galaxias están cada vez más alejadas entre sí.

Increíblemente, esto implica que si nos retraemos en el tiempo, todo debió estar antes más y más próximo entre sí. Al final, en algún momento del pasado finito, todo el universo conocido estaba concentrado en un punto matemático, que los científicos llaman la «singularidad», a partir de la cual el universo ha estado expandiéndose desde entonces.

Cuanto más nos retraemos en el tiempo, más denso se toma el universo, hasta que, al final, se llega a un punto de densidad infinita a partir del cual comenzó a expandirse. Este suceso inicial se conoce como el «big bang», o la gran explosión.

El suceso que marca el principio del universo llega a ser más increíble cuando se tiene en cuenta que no existía nada antes de este. No existía nada antes de la singularidad, porque está en los límites del espacio físico y del tiempo. Representa, por lo tanto, el origen, no solo de la materia y de la energía, sino también del espacio físico y del tiempo mismo. Los físicos John Barrow y Frank Tipler observan: «En esta singularidad comienza la existencia del espacio y del tiempo; literalmente no existía nada antes de la singularidad, por lo que,si el universo se originó allí, verdaderamente tendríamos una creación de la nada».

Se trata de una conclusión profundamente inquietante para cualquiera que la reflexione, porque hay una pregunta que no se puede suprimir: ¿por qué existe el universo en vez de la nada? No puede haber ninguna causa natural y física para la gran explosión dado que, en palabras del filósofo Quentin Smith: «Pertenece analíticamente al concepto de la singularidad cosmológica  que no  es el efecto de hechos físicos anteriores. La definición de singularidad … conlleva que es imposible extender el marco espacio temporal más allá de la singularidad… Lo que obliga a descartar la idea de que la singularidad es un efecto de algún proceso natural anterior». Sir Arthur Eddington, al considerar el inicio del universo, opinaba que la expansión del mismo era un concepto tan prepotente e increíble que «Me siento indignado de que alguien pueda creer en él, excepto yo mismo». Al final, se vio obligado a concluir: «El principio parece presentar dificultades insalvables a menos que acordemos considerarlo como un evento francamente sobrenatural».

Algunas personas se sintieron comprensiblemente perturbadas por la idea de que el universo, aparentemente, hubiera sido creado de la nada. Intentaron, por lo tanto, descubrir el modo de eludir la singularidad inicial y recuperar la idea de un universo eterno, pero todo fue en vano. La historia de la cosmología del siglo veinte ha sido la historia de reiteradas refutaciones de dichas teorías no estándares y la corroboración de la teoría de la Gran Explosión. El veredicto, abrumadoramente mayoritario, de la comunidad científica ha sido que ninguna de estas teorías alternativas son superiores a la teoría de la Gran Explosión. Una y otra vez, los modelos que pretenden evitar las implicaciones del modelo estándar de un principio absoluto del universo han tenido que ser rechazados por insostenibles o por no poder probar la ausencia de un principio.

Por ejemplo, en algunas de dichas teorías, como en la de un universo oscilatorio (que se expande y contrae indefinidamente) o la de un universo caóticamente inflacionario (que genera continuamente nuevos universos), si bien los hipotéticos universos tienen un futuro potencial, mente infinito, tienen en cambio un pasado finito. Las teorías de un universo fluctuando en el vacío (que postulan un vacío eterno que dio origen a nuestro universo) no pueden explicar por qué, si el vacío era eterno, no podemos observar un universo infinitamente viejo. Si bien estas teorías circulan de vez en cuando en la prensa popular, dichos modelos han sido abandonados por casi todos los teóricos de hoy.

Uno de los intentos recientes más celebrados para evitar la singularidad inicial ha sido postulado por la teoría de Gravedad Cuántica de Stephen Hawking, que en su momento recibió mucha atención en la prensa popular, gracias a su éxito de ventas A Brief History of Time [Una breve historia del tiempo]. Según su teoría, el pasado es finito pero no tienen ningún principio o límite. Hawking no teme sacar conclusiones teológicas de su modelo. Escribe: «El universo no tendría ni principio ni fin y no sería ni creado ni destruido. Simplemente, sería. ¿Qué lugar queda entonces para un Creador?».

Por desgracia, para los detractores de la creación, el modelo de Hawking no puede ser una descripción realista del universo. Para mencionar solo un aspecto: él presupone que el universo existe en un tiempo imaginario en vez de en un tiempo real. Esto significa que, en sus ecuaciones, Hawking usa números imaginarios para las coordenadas de tiempo, números como la raíz cuadrada de ,1. El problema es que dichos números no son más que algoritmos matemáticos o funciones sin significado físico. Ya, en 1920, Eddington exploró lo que llamó el «truco» de usar números imaginarios para definir las coordenadas del tiempo, pero concluyó que «no era muy productivo» para especular acerca de las implicancias que podía tener porque, según él, «no se trata más que de instrumentos analíticos». El tiempo imaginario, dijo, era meramente un instrumento ilustrativo que «no correspondía a ninguna realidad física».

Asombrosamente, en un libro más reciente, The Nature of Space and Time [La naturaleza del espacio y el tiempo] (1996), Hawking reconoce precisamente esto. Dice: «Una teoría física no es más que un modelo matemático y no tiene sentido preguntarse si corresponde a la realidad … Lo que importa es que la teoría pueda predecir los resultados de las mediciones». Ahora bien, si lo único que hace la teoría de Hawking es esto, es obvio que no elimina un verdadero principio para el universo ni la necesidad de un Creador. Se trata simplemente de usar términos matemáticos para redescribir el universo con un principio singular de manera tal que la singularidad no figure en la redescripción. En cualquier caso, la teoría de Hawking, de interpretarse de manera realista, todavía implica un origen absoluto del universo, aunque no se haya originado en una singularidad, como postula la teoría de la Gran Explosión. Su modelo no tiene un punto de principio sino que tiene solo un pasado finito y, por lo tanto, un origen absoluto. El mismo Hawking se encarga de resumir la situación: «Casi todos hoy creen que el universo, y el tiempo mismo, tuvo su principio con la Gran Explosión». Dadas las obvias implicancias teológicas planteadas por un origen del universo a partir de la nada es factible esperar que se continúen proponiendo teorías alternativas al modelo de la Gran Explosión, en un intento de restaurar un universo eterno. Paul Steinhardt, de la Universidad de Princeton, recientemente fue objeto de gran cobertura en la prensa popular por su nuevo modelo cíclico o ekpirótico del universo. Estas propuestas alternativas deberían ser recibidas con beneplácito y cotejadas con la evidencia, porque el patrón continuado de fracasos de dichos modelos alternativos no hace más que corroborar la predicción de un principio absoluto según el modelo estándar de la Gran Explosión, aumentando la credibilidad de esta teoría. A pesar de la predisposición contraria de muchas personas, la evidencia acumulada apoya consistentemente la visión de un universo creado de la nada. M. Wersinger, profesor de física de la Universidad de Auburn, hace las siguientes observaciones:

«Al principio, la comunidad científica era reacia a aceptar la idea del nacimiento del universo.» El modelo de la gran explosión no solo parecía dar la razón a la idea judeocristiana de un principio para el mundo, sino que también parecía requerir la intervención de una creación sobrenatural. ..» Se requirió tiempo, observaciones y cuidadosas verificaciones de las predicciones del modelo de la gran explosión, antes de que la comunidad científica se convenciera y aceptara la idea de una génesis cósmica.» La gran explosión es un modelo muy productivo que, por su fuerza, se impuso a una comunidad científica reacia».

Contra toda expectativa, la ciencia corroboró la predicción de la Biblia del principio del universo.

Publicado por Pastor Damián Ayala.



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