¿Qué bonita pareja?
Publicado: 21 diciembre, 2010 Archivado en: Matrimonio 1 comentario »¿Qué bonita pareja?
Artículo escrito por: Beth Platt de Sandoval
Es lo que hemos pensado y dicho al observar a unos novios o esposos que “hacen juego” (se ven bien juntos). Posiblemente sea porque son de la misma estatura o de la misma tez o tal vez porque se marcó en ellos un contraste entre la viril masculinidad y la suave femineidad. De cualquier forma, se ven guapos juntos. Básicamente es una observación visual. Hacen una bonita pareja.
El otro día estaba pensando que mi esposo y yo no “hacemos juego” de esa forma. El es mexicano, moreno, guapo (digo yo), y yo, norteamericana, de ojos verdes y bastante blanca. Posiblemente nos veamos un poco desparejos. Pero en realidad, hacemos bonita pareja en formas mucho más importantes. Gonzalo y yo somos amigos. Estar enamorados y ser amigos nos ha permitido caminar por nuestro mundo y ministerio brindándonos aceptación, apoyo y colaboración mutua. Somos más que una bonita pareja –somos un equipo.
Pensando en este artículo pero sin darle más explicaciones, le pregunté a Chalo cuáles eran aquellas características que él apreciaba más en su equipo de trabajo de Ediciones La Américas. Cuatro de sus calificativos me llamaron la atención, porque también describen la forma en que él y yo trabajamos en equipo dentro de la obra de Dios. Estas cualidades son: lealtad, afinidad, igualdad de trabajo y que nos complementemos.
Pensando en este artículo, queremos hablar de cómo puede una esposa de pastor, anciano o líder, trabajar efectivamente en la obra de Dios al lado de su esposo. Podríamos dar un sinfín de ideas creativas, pero esto no establecería la base firme necesaria para el éxito. Antes de entrar en los detalles del QUE hacer, necesitamos hablar del COMO. ¿Cómo debo trabajar con mi esposo? ¿Cómo formar una bonita pareja en la obra de Dios? La respuesta es: trabajando en equipo. En este equipo que es la pareja, debe existir la lealtad, la afinidad, la igualdad de trabajo y que se complementen. Por supuesto, estamos presuponiendo que ambos están caminando íntimamente con Dios. Sin eso, jamás lograrán ser un buen equipo.
LA LEALTAD: No hay nada que me duela o me irrite más que oír una crítica acerca de mi esposo (o mis hijos). Se yergue mi instinto de “Mamá Oso” y salgo en su defensa. Mi lealtad a mi esposo me obliga a defenderlo. Ese sentimiento es bueno e importante, pero también agresivo y peligroso. A veces me hace perder la perspectiva. Desdichadamente, así tendemos a llevar a cabo la lealtad. Pero esta característica es mucho más profunda y positiva que eso. Implica que yo debo dedicar el tiempo necesario para observar y conocer a mi esposo lo mejor que pueda. Conociéndolo, sabré cuáles son sus cualidades fuertes y sobresalientes y cuáles son sus debilidades y luchas. Esto me permite ejercer la labor positiva de la lealtad. Me permite estimular en forma activa aquellas actitudes y actividades buenas y positivas de él. Al hacerlo, mi esposo puede ver mi amor y la aceptación de su persona.
Pero, ¿qué hago con sus actitudes y costumbres negativas y equivocadas? Estas las cubro en oración. Si Dios abre la puerta, a veces puedo mencionarlas cuidadosa y amorosamente. Mi lealtad implica que yo reconozco que el hombre que está a mi lado no es perfecto (¡como tampoco lo soy yo!). Me permite reconocer que no lo puedo cambiar y el cambiarlo no es una atribución que Dios haya dado a las mujeres. Sólo él puede enderezar aquellas actitudes y costumbres para que lleguen a agradarle. Si yo aprendo a dejar esta tarea a Dios, elimina la necesidad de mi crítica hacia él y aumenta mi responsabilidad y fe ante un Dios que sí puede hacerlo. Entonces, cuando lleguen las críticas extrañas, yo estaré en la posición adecuada para amortiguar las palabras ásperas o posiblemente injustas y poder ministrar al dolor de mi esposo. Yo sabré si esas críticas son justificadas o no, porque conozco a este hombre. Mi lealtad entonces es positiva, no defensiva. Ser leal a mi esposo quiere decir que siempre estoy a su lado, que él siempre puede contar conmigo aunque tal vez no esté totalmente de acuerdo con é. Y si yo le ofrezco este tipo de comprensión, muchas veces recibo la misma lealtad de su parte. Somos un equipo porque mostramos lealtad mutua, y eso da total confianza y seguridad a la pareja sin importar que tan frío esté el ambiente con los demás.
LA AFINIDAD: El ser una pareja, automáticamente implica que somos diferentes simplemente por ser hombre y mujer. Si a esto le agregamos las diferencias de nacionalidad, idioma, personalidad, familia, cultura, educación, hábitos — bueno, la afinidad parece ser imposible. Pero ser afines no quiere decir ser idénticos. Simplemente quiere decir que tenemos las mismas metas. Aprendemos a sobrellevar o aún a aprovechar las diferencias sobre la marcha, pero caminamos en la misma dirección hacia la misma meta. En relación con la obra de Dios, mi esposo y yo hemos formado un equipo y trabajamos juntos porque tenemos metas afines. Si nuestra meta es levantar una nueva iglesia y discipular a la gente para que sean fuertes en las cosas de Dios y los dos estamos entregados a esa meta, somos afines y podemos trabajar en equipo. Los detalles de quién hace qué depende de los principios bíblicos, de las habilidades o talentos, de la personalidad y de común acuerdo. La base de tener una afinidad de meta, produce que podamos marchar a la par hacia un fin común. Esto implica compartir tanto el éxito como las luchas, las oraciones y los planes, fortaleciendo otro eslabón efectivo en la cadena de “ser un equipo”.
LA IGUALDAD DE TRABAJO: ¡Ya me imagino las preguntas y dudas al leer este punto! ¿Cómo puede haber igualdad de trabajo si mi ESPOSO es el pastor, anciano o líder? Nosotras podemos colaborar, pero ¿Cómo trabajar con igualdad? Esto no tiene que ver con las horas invertidas (10 para él y 10 para mí), ni con el sudor y esfuerza por igual. Más bien es la idea de llevar juntos la carga diaria y detallada. Cuando dos personas comparten la carga emocional y las responsabilidades, la tarea se aligera y se logra mucho. A veces, esto implica horas invertidas por parejo. Mis padres trabajaron en programación en la Radio Emisora TGN en Guatemala. Cuando grababan, ambos invertían las mismas horas para preparar la música y el programa que saldría al aire. Para ellos era de mucha satisfacción trabajar en equipo de esa forma.
Cuando yo me desboco con algún drama en la iglesia, Gonzalo no invierte las mismas horas que yo, pero allí está al pie del cañón conmigo. Yo sé que él carga el drama conmigo aunque no siempre esté en cada ensayo. Al igual, cuando él está ocupadísimo en ciertos asuntos de ELA en los cuales yo no tengo mucho que ver, él sabe que yo comparto su carga porque el trabajo es nuestro. A veces la igualdad de trabajo se refleja en horas invertidas en alguna tarea, pero también en horas invertidas en oración y horas invertidas en paciencia. Cuando Gonzalo viaja por cuenta de ELA (¡y sí que viaja!), hay igualdad de trabajo porque yo estoy cuidando la milpa, orando por él, anticipando el éxito de su viaje y anhelando su regreso. De cualquier forma, trabajamos por igual, porque la carga del trabajo en todo sentido es de ambos.
UNA LABOR COMPLEMENTARIA: La idea que está detrás de esta característica es la de complementar. Se bromea mucho sobre la “ayuda idónea”, pero realmente es un concepto precioso. Estas ideas de ayuda idónea y complementar son afines. Sería como ponernos cierto vestido que nos gusta pero que le hace falta algo para que se vea perfecto. Ese algo, un prendedor, un cinturón, un saquito, completa la apariencia total para que el efecto sea perfecto. Esa es la idea que hay detrás de la ayuda idónea también.
El concepto de complementar o completar tiene dos ideas. Uno es acabar de dar un efecto total para que el producto o apariencia final sea perfecto. La otra idea es hacer elegante el vestido sencillo para que luzca aun más bonito de lo que podría sin el complemento. Cuando nosotras, la esposa de un pastor o líder, complementamos o completamos la labor de nuestro esposo, hacemos ambas cosas. Por un lado, ayudamos a perfeccionar su labor. Si mi esposo ve el cuadro total pero no los detalles, yo le puedo ayudar con ellos para que pueda realizar su proyecto en forma eficiente. Posiblemente el hombre en tu vida es muy detallista, pero no ve el bosque completo por ver cada arbolito. Entonces el complemento sería la inversa, ayudándolo a ver el cuadro más amplio. Esto es aprovechar las diferencias que podríamos tener para apoyarnos mutuamente. Yo, que conozco a mi esposo mejor que cualquier otra persona, puedo colaborar con él con aquellas cosas, actitudes o actividades que hacen que él se vea mucho mejor. Mi complemento, que a veces pasa desapercibido, hace que luzca la persona de mi esposo ante los ojos de los demás como el mejor de los mejores. Esa es mi labor porque amo a este hombre y quiero trabajar con él.
Cada uno de estos puntos puede y debe funcionar también de parte del hombre hacia su esposa. Pero el énfasis de este artículo está en hablar de la labor de la esposa para que pueda trabajar en equipo al lado de su esposo en la obra de Dios. Esta idea de trabajar en equipo, caracterizada por estas cualidades, no tiene que ver con hacer el trabajo en equipo. Tiene que ver con ser un equipo de trabajo. El gozo y la satisfacción de ser colaboradores en la obra de Dios se multiplican mil veces cuando lo comparto con mi esposo, la otra mitad de mi “bonita pareja”.
Si tuvieras que calificar tu trabajo en la obra al lado de tu esposo en una escala del 1-10 ¿qué calificación te darías? Si sacaste una buena calificación, te felicito. ¡Siga adelante! Si te pusiste un número bajo, tal vez sea hora de evaluar la dinámica entre tú y tu esposo con relación a las cuatro áreas que sugerimos en este artículo. Recuerda que Satanás, el enemigo, no quiere que tengamos éxito ni que trabajemos como equipo. Él busca nuestra derrota y a veces se aprovecha de nuestro egoísmo. ¡No te desanimes! Dice 1 Juan que mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.
Publicado por Pastora Marcia Reséndiz.
25 Años de Matrimonio
Publicado: 27 octubre, 2010 Archivado en: Daniel Brito, Matrimonio | Tags: amor, esposa, esposo, matrimonio, Palabra de Dios, Pastor Daniel Brito 1 comentario »25 Años de Matrimonio
Por Pastor Daniel Brito
El año pasado escribí éste artículo, cuando mi esposa y un servidor cumplimos 25 años de matrimonio. En este día, estamos cumpliendo 26 años de matrimonio, y he decidido publicarlo otra vez, porque creo que tal vez sirva de bendición a alguna persona. Agradezco a Dios por la institución del matrimonio, que es el método Bíblico y saludable para uno gozar de su cónyuge, y de su familia.
Para mí es especial por la sencilla razón que he pasado un poco más de la mitad de mi vida con mi esposa. Eso me hace pensar en las estadísticas sobre el divorcio que se mantiene tal vez al mismo ritmo que en el tiempo que contrajimos matrimonio, y es casi en el cincuenta por ciento.
En 26 años, ¿hemos estado de acuerdo todo el tiempo? La respuesta es un NO. Sería imposible que dos personas estuvieran de acuerdo todo el tiempo. No importa si son esposos, o si entre hermanos carnales, o entre padres e hijos(as), o entre hermanos de la iglesia, siempre hay diferencia de pensar, porque somos individuales. De ahí que el lugar que uno le dé a la Palabra de Dios en la vida de uno, sea lo que decida el rumbo que uno va a seguir.
Notemos que el problema del ser humano es el egoísmo. El egoísmo es parte de la naturaleza caída, y consecuencia del pecado original. De ahí que la Palabra de Dios hable tanto en contra del egoísmo. El egoísmo no hace acepción de personas, las visita a todas. No importa si es espiritual o no. No importa si es convertido o no. Es parte del ego, o el “yo” de la persona, el cual busca el agrado personal más que el agradar a la otra persona. La Palabra de Dios nos dice claramente el Plan de Dios para la familia, y es porque Dios conoce muy bien el problema y las debilidades del ser humano. Por eso leamos el Texto Sagrado en Efesios 5:21-33:
«Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. 22 Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. 23 Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. 24 Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. 25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. 28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, 29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo. 31 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.» – NVI.
Noten que el Texto Sagrado nos dice dos cosas importantes: la primera es a las esposas sobre el someterse a sus esposos. La segunda es a los esposos sobre el amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia. Es bien claro que al mandato de Dios, hay un rechazo casi inmediato, sea en actitud, o sea en el pensamiento. Sea por la esposa, o por el esposo. La esposa se queja sobre el por qué tiene que someterse. El esposo cree que para él la orden es solamente amar a su esposa en la forma común que el hombre sabe amar, y se rebela al mandato de Dios.
Pero noten que Dios sabía muy bien lo que quería decir, y es porque si la mujer decide someterse a su esposo, va a pensar en agradarlo a él, en vez de estarse quejando de sus defectos. Y si el esposo decide amar a su esposa como CRISTO amó a la Iglesia, entonces no va a pensar en agradarse a sí mismo, ni estar pensando en los defectos de su esposa, sino en agradar a su esposa, y entregarse a ella del todo.
La clave para el matrimonio está en el obedecer a la Palabra de Dios, en vez de querer hacer lo que el ser humano en su egoísmo quiere hacer. No en vano dijo JESÚS en Mateo 16:24-25:
«Luego dijo Jesús a sus discípulos: -Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. 25 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.» – NVI.
Nadie puede seguir al Salvador, si no crucifica el YO, que tanto uno valora. Para muchos, ese es el estorbo más grande que tienen para seguir a JESÚS. Así es igual en el matrimonio. JESUCRISTO dijo en Marcos 10:6-8:
«Pero al principio de la creación Dios “los hizo hombre y mujer”. 7 “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, 8 y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.” Así que ya no son dos, sino uno solo. 9 Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» – NVI.
Es claro, que si son una sola carne, deben pensar igual. Ese pensar igual no es fácil, solamente lo es a través de la obediencia de la Palabra de Dios, que lo guía a uno por medio del Espíritu Santo, a toda Verdad.
Seguiremos el tema……..
Que Dios les bendiga.
*Este escrito fue publicado por primera vez el 25 de Marzo, 2008.
*Este Artículo ha sido tomado del blog amigo: El Blog del Pastor Daniel *
¿Como debemos tratar a nuestra esposa según la Biblia?
Publicado: 6 octubre, 2010 Archivado en: Matrimonio, Paul Washer 2 Comentarios »Hermana, si tu estas casada date la oportunidad de ver este video con tu esposo, aprovecha esta palabra es para ellos. no dejes de publicar tus comentarios.
Publicado por Pastora: Marcia Resendiz.

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